Dicen las malas lenguas que se asoman en las esquinas que un viejo trovador camina sin sombra ni historia, escurriéndose entre las calles sin dueño mientras, con voz de radio viejo, adormece a la luna con canciones lánguidas y delicadas, como aroma suave en la piel amada.
Y es capaz de matar al perfume de la soledad, el silencio, con un verso.
Y tieso, sin sombra ni historia ni rumbo se pierde entre el asfalto y las luces de la ciudad.
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