En la mañana ruidosa y fría despierta con su cuerpo tibio, añejo.
Se quita las cobijas de periódico y levantándose de la banca de parque helada se da cuenta de que es domingo; a dos cuadras el mercado estalla en bullicio, antigüedades y mercancía barata de segunda.
A sus espaldas suenan las campanadas de la iglesia; un monstruo barroco que interrumpe el sueño de un pueblo tan diverso como antiguo y desorientado.
Toma elegantemente su bastón enmohesido por el peso de los años y con andar garboso cruzó el parque.
En el mercado lo conocen como “el capitán”. Siempre lleva puesto su uniforme de la marina, viejo y desgastado, igual que él. Cojea un poco, y su cuerpo posee el mismo efluvio que el mercado; polvo envejecido, madera en descomposición, metales oxidados… como si fuera un antiguo ser decadente.
Camina entre los puestos y los perros de la calle –que son sus hermanos- lo acompañan a él y a sus soliloquios. Podría fácilmente confundírsele con uno de esos objetos inútiles que provienen de un pasado lejano, misterioso, y que por alguna razón ha sido destinado a quedar varado en este presente fugaz y material.
Cuenta sus historias justo al atardecer, cuando el mercado se desarma y se va dejando su rastro de basura inmunda y olor a viejo; son del mar, de amores a distancia, desamores amargos y viajes interminables.
Solo por fin, cubierto por la noche y su locura se acurruca en el seno turbio de la calle.
Besa apasionadamente al único amor que le ha sido fiel hasta el crepúsculo de sus días; licor barato. Se lleva el vítreo cuerpo de ella a la boca hasta beber el último sorbo de ella. Después llora, vomita y recuerda… el olor de la piel amada que nunca existió… regresa tambaleante al parque, a las faldas del barroco, en una noche turbia acompañado por sus demonios.
De verdad, me fascina la elegancia con la que encierras la realidad en tus escritos. Lástima que sea eso: una realidad. Ésta es la realidad que podemos ver en nuestras calles, con sólo voltear hacia una esquina. ¿Qué clase de personas no podemos encontrar? Verán personas cuyas historias, tan variadas que ni lo podríamos imaginar, son una muestra del resultado del mundo que vamos conformando. Quizás no nosotros directamente, pero la sociedad como tal, a nivel estructural, va orillando a miles de personas hacia la situación en la que los vemos hoy.
ResponderEliminar¡Sigue con las imágenes textuales que has logrado plasmar en papel, con la gracia de un pintor en su lienzo!