Paseando por las antiguas y dañadas calles del pueblo de Asmish, el viejo Mcguire y su nieto Louis se dirigían camino a casa. Disfrutando de la compañía de su nieto que pocas veces lo había podido visitar. Su nieto de apenas 5 años, comiendo una de esas paletas de manzana acarameladas, le parecía a esa poca edad tan interesante el mundo externo y no se si se debiese a su edad o a la extrema curiosidad que sentía por conocer todo, que no había uno solo momento en que el niño no preguntase algo. El hombre tenía tiempo atrás que había dejado todo eso de cuidar niños y jugar en el patio trasero pretendiendo ser un avión, pero se sentía feliz. Disfrutando de la compañía de un niño al cual le multiplicaba la edad por mas de doce veces, cuando pasaron por una enorme casa, vieja y abandonada, podría decirse que casi igual de tamaño que una mansión solo que un poco menos voluminosa. El niño con su paleta casi terminada, detuvo sin pequeños pies para quedarse quieto y boquiabierto ante tan impresionante vista. Mcguire notando su comportamiento, se acerco, coloco su mano sobre su hombro y con una ligera sonrisa sobre su rostro ya arrugado, con ojos cansados de vivir como si quisiesen ya cerrarse para no volverse a abrir, orejas colgantes y dientes ya algo teñidos de un color amarillento, el hombre le dijo:
-¿conoces la historia de ese lugar?-dijo con un tono interesante, aun conociendo la respuesta obvia que tendría.
-no- dijo su nieto, aun boquiabierto y con sus grandes ojos cafés bien abiertos.
-bueno, te diré que esa enorme casa ha sido testigo de grandes acontecimientos.
-¿enserio?- contesto asombrado.
-así es, acerquémonos y podre explicarte mejor.
Ambos caminaron hacia delante, aunque no lograron llegar muy lejos debido a una larga reja oxidada que se encontraba
en la entrada, a varios metros de distancia de la puerta principal.
-abuelo, ¿que es todo esto?, ¿porque es tan grande?, ¿aquí viven gigantes?
Su abuelo no pudo evitar soltar una pequeña risa ante tan curiosas preguntas para después responderle:
-veras, este lugar una ves fue hogar de unos gigantes, ciertamente, pero no eran solo unos gigantes cualquiera. Oh, no. estos gigantes eran de una clase mayor, ellos eran de la realeza.
-¿de la realeza?, ¿que es eso?- pregunto ingenuamente-
-eso significa que eran reyes, con coronas y todos los lujos posibles. Déjame contarte: hace cientos de años, tantos que ni siquiera los pudieras contar con tus dedos, vivían en esa casa unos reyes con su hija y sus sirvientes, ellos tenían muchas cosas valiosas, joyas, oro, dinero. Oh, no había nada que no pudiesen tener. No existía lujo que no poseyeran. Aunque debes saber que estos reyes no eran conocidos por todos los bienes materiales que poseían, ni por su enorme casa. Ellos tenían una característica mucho más sorprendente, eran gigantes. Altos y grandes gigantes. Un elefante podría parecer su mascota a lado de ellos.
-¿enserio abuelo?, un elefante podría parecer su mascota a comparación de ellos- repitió como si intentase entender
lo que decía.- ¿pero como es eso posible?, ¿que ocurrió con ellos?, ¿porque se fueron?
-bueno, no conozco muy bien como es que ellos llegaron a habitar esta casa. Pero si se porque se fueron.
-abuelo, por favor dime. Necesito saber- dijo insistente.
-esta bien, te diré pero debes saber que no muchas personas saben de la desaparición de estos gigantes. Algunos aun siguen creyendo que viven aquí. Así que debes mantenerlo solamente entre tú y yo, ¿de acuerdo?
-si, lo prometo. No le diré a nadie.
-al parecer ellos se fueron porque la mama del rey había enfermado y necesitaba de mucho cuidado. El rey no quería dejarla desprotegida ni sola, así que fue a hacerle compañía por un tiempo.
-¿y ya esta bien su mama?
-estoy seguro de que si, los gigantes son muy fuertes y resistentes.
-¿ahora viven con ella?
-eso es algo que no se, pero algunas personas dicen que se mudo a otra casa, mas grande, creo que cerca de un castillo
en Devonshire. Cerca de la casa de la mama del rey.
-¿entonces esta sola la casa?- pregunto con una pequeña iluminación en los ojos, esperando por una respuesta positiva.
-no del todo.
-¿como?, ¿aun vive alguien ahí?
-al partir los reyes no quisieron dejar su casa sola, libre y despejada para que cualquier intruso entrara y la dañara.
O peor aun, que la habitara. Ellos tenían varias opciones, entre ellas estaba dejar a cargo a su buen amigo y fiel consejero al cuidado de la casa, pero eso parecía demasiado para la familia por que significaría perder por un buen tiempo a un gran amigo. Otra opción que tenían era pedir la ayuda de un mago, ¿no se si lo conozcas? se llama Merlín- hizo una pausa esperando por la respuesta de su adorado nieto.
-no- contesto con gesto de curiosidad.
-ya te platicare sobre el después, pero ahora terminare de contarte esta historia.
El niño sin objetar nada guardo silencio y espero a que su abuelo continuara.
-Hm... ¿en que me quede? oh, si. El mago Merlín, un excepcional mago, muy poderoso. Pensaron en solicitar de su ayuda para aplicarle un hechizo a la casa y así nadie pudiera entrar, sin embargo cuando intentaron localizarlo por medio de sus abejas mensajeras, no lo pudieron encontrar. Al parecer había tomado unas vacaciones improvistas y no había dejado aviso alguno de donde lo pudieran encontrar. Así que tuvieron que descartar la idea. Los reyes pensaron durante varios días otras opciones, mas por una causa u otra nunca podía realizarse tal decisión. El tiempo se les estaba agotando y el rey seguía muy preocupado por su madre. No quería dejara sola en estos momentos que mas necesitaba de su presencia. Hasta que por fin a la hija del rey, la princesa, se le ocurrió una idea. Quizás era algo descabellada, pero era la que más se les facilitaba en ese momento y que no se necesitaba de mucho tiempo de espera.
Ya seca la boca por tanto hablar tosió un poco y mientras pasaba saliva, su nieto dijo:
-anda abuelo, por favor termina. Quiero saber quien vive ahora en la casa.
Mcguire rió solo como un viejo sabe hacerlo
-de acuerdo, ellos optaron por la opción de traer a su dragón de Alaska y dejarlo suelto por los patios de la casa- dijo,
alegre de haber terminado su historia.
Mas su nieto después de haber escuchado a aquella oración se estremeció, tomo a su abuelo de la mano y empezó correr en dirección opuesta a la de la casa, intentando tirar de su abuelo que se encontraba inmóvil tratando de comprender el extraño comportamiento de su nieto. Al ver que no daba resultado su esfuerzo, el niño empezó a decirle a su abuelo:
-¡anda abuelo, corre, corre! Hay que irnos pronto de aquí- decía insistente, mientras seguía tirando de su mano.
-¿irnos de aquí?, pero si aquí no hay ningún peligro- dijo el Mcguire.
Aunque en ese momento se sentía mas confundido que su propio nieto al ver la casa.
-¡por favor abuelo, corre, corre! no podemos quedarnos aquí- decía ya casi a manera de suplica.
-pero hijo mío, aquí no esta pasando nada- dijo mientras lo tomaba de la mano, que aun seguía insistente en moverlo.
Y mientras se arrodillaba para poder tenerlo cara a cara, le dijo:
-cariño, ¿que te sucede?, ¿porqué de repente estabas tan emocionado por conocer la historia de esta casa y ahora te quieres ir?, ¿es que acaso no te gusto la historia?- dijo mirando a su nieto a los ojos, con ánimo preocupado. Su nieto estaba perdido en una ola de pensamientos y preocupación, buscaba a su alrededor algo que no encontraba. Movía su cabeza de un lado a otro y nada aparecía. Hasta que se dio cuenta que su abuelo lo veía, esperando su respuesta.
Volteó a verlo y dijo:
-es que, abuelo, tu dijiste que habían traído a su dragón de Alaska y que lo habían dejado en el patio de la casa para que
la cuidara.- dijo, mientras lo sujetaba con sus pequeñas manitas los hombros.
-así es hijo, ellos trajeron a su dragón. Pero aun sigo sin entender tu preocupación.
-abuelo, un dragón es muy grande y si ves bien este cerco no lo es tanto como para detener a un dragón si intentara salirse.
-oh, ya veo tu preocupación. Pero no tienes que preocuparte el dragón esta ahí adentro y no va a salir- dijo comprendiendo
ahora porque su nieto de un de repente había querido salir huyendo.
-no, el no esta ahí adentro.
-si, lo esta. ¿Porque dices que no?
-ya te dije, un dragón es muy grande. Si estuviera ahí adentro ya lo habría notado.
El niño empezó de nuevo a perder contacto visual con su abuelo, buscando ansiosamente a su alrededor y empezando a tirar de el, como en un principio.
-¡anda abuelo! si nos vamos pronto, no notara que estuvimos aquí y no nos hará nada.
-espera por favor, es que olvide decirte algo...
-después abuelo- dijo, interrumpiéndolo.
-es que necesitas saberlo ahora, antes de que lo olvide de nuevo- dijo intentando esconder una risita, para no parecer burlesco- el dragón no lo puedes ver porque esta oculto en aquella torre. Dijo, mientras señalaba la parte trasera de la casa.
-¿en la torre?, ¿estas seguro abuelo?- dijo con cierto desconcierto ante tal confesión.
-claro que si, es que este dragón es un poco diferente a los que has visto en tus cuentos y de los juguetes que tienes.
-¿entonces es mas pequeño?, por que tiene que serlo para poder caber en esa torre tan pequeña.
-aaa... es que tu la ves pequeña, pero en realidad no lo es.
-¿a, no es así?
-oh, por supuesto que no. este dragón claramente es diferente a los que conoces, porque nadie lo ha visto jamás, obviamente nadie intentaría entrar aquí, y si nadie lo ha visto, nadie puede saber como es.
-¿ni siquiera tu?
-ni siquiera yo. Y la torre es muy grande y segura. Solo mantiene al dragón por si alguien quiere entrar.
-¿entonces estamos a salvo, verdad abuelo?
-mas que a salvo- dijo mientras dejaba ver una enorme sonrisa.
Su nieto respondió de igual manera dejando salir una risa, ambos se abrasaron, respiraron hondo y profundo y dejaron salir el suspiro más largo de toda su larga y corta vida. Mcguire miro el reloj en su muñeca y se dio cuenta ya iban retrasados.
-¡hay no! tu madre nos va regañar, ya vamos bien retrasado.
El niño rio graciosamente y le dijo:
-te van a regañar abuelo.
Y empezó a reir burlona pero tiernamente. Dejando ver una sonrisa chimuela, con sus dientes disparejos y apenas saliendo.
Su abuelo lo miro pensativo y le dijo:
-así que, ¿con que burlándote del abuelo, eh?
Lo tomo de por las axilas con ambas manos y lo coloco en sus hombros a manera de soldadito. El niño empezó a reír.
-¡no abuelo, está bien no me burlare de ti!- dijo dejando salir varias carcajadas, mientras su abuelo le hacia cosquillas.
-oh, no. ya es muy tarde. Tendrás que ajustar cuentas llegando a casa- dijo riendo igual de fuerte como lo hacia su nieto.
Así continuaron todo el camino, con risas y sonrisas a más no poder, que les pareció corto al darse cuenta que ya había
llegado a casa.
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